Fragmentación Emocional. Análisis de las elecciones en Aragón 2025

De la misma forma que hice con las elecciones celebradas en Extremadura, paso a realizar un análisis de las realizadas en Aragón el 8 de febrero, siempre desde un enfoque de psicología política, que nos permite comprender muchos de los resultados que estamos teniendo.

Se podría decir que son unas elecciones en las que no existe hegemonía de ningún partido, si bien lo que denominamos el bloque de la derecha podría gobernar en mayoría, aunque hay que destacar que estas elecciones son el resultado de la necesidad de uno de ellos, el PP, de gobernar en solitario por la incapacidad de llegar a acuerdos con el otro partido, VOX. El resultado de las elecciones es muy parecido a los de Extremadura, con una fragmentación emocional que es difícil de explicar y que será el objetivo de este análisis.

Estas elecciones autonómicas de Aragón de 2026 nos dejan un escenario claro desde la aritmética parlamentaria pero muy ambiguo desde la psicología política.

El Partido Popular gana las elecciones, pero pierde votantes —esto es muy relevante y repite el patrón de Extremadura— y escaños; el PSOE sufre una caída severa como consecuencia de la lectura nacional del votante y los casos de corrupción y falta de eficacia de sus políticos; y fuerzas como VOX y Chunta Aragonesista (CHA) duplican representación mientras opciones como Podemos desaparecen del parlamento.

Lejos de ser una anomalía local, Aragón confirma una tendencia que ya vimos en Extremadura, y que es preocupante para el Partido Popular: pierde votantes; en Extremadura perdieron 8.000 votos, mientras que en Aragón fueron 13.000 votantes. Una lectura en clave nacional es delicada porque si bien el PSOE tiene una caída más dramática, ésta es justificada por la corrupción institucional, pero en el caso del Partido Popular adolece a otras razones que hay que interpretar teniendo en cuenta el auge de VOX, que refleja la tendencia contraria, con 42.000 nuevos votantes en Aragón y otros 40.000 en Extremadura.

En teoría, y de la misma forma que ocurrió en Extremadura, estas elecciones en Aragón no expresan adhesiones ideológicas sino estados emocionales, marcados por la percepción de eficacia, el clima institucional y la necesidad psicológica de control ante el contexto de incertidumbre que están viviendo las personas en sus actividades cotidianas (vivienda, empleo, industria, migración, seguridad).

Insisto en lo referido en Extremadura: esto no es una redistribución de escaños, es una tendencia y una consolidación de un cambio profundo en la forma en que votamos.

La conducta electoral como proceso psicosocial contextual

Para explicar esto, aprovecharé este análisis para profundizar un poco más en lo comentado en el análisis de Extremadura. El gran problema de la política es que durante décadas el análisis electoral se apoyó principalmente en variables sociológicas clásicas como clase social, nivel educativo o territorio. Sin embargo, desde hace muchos años —si nos remontamos a los estudios de Campbell y la escuela de Michigan (1954)— ya sabemos que estas variables son insuficientes para explicar la volatilidad electoral contemporánea.

El comportamiento político es muy complejo, y sabemos que se estructura en base a tres niveles: las variables sociológicas, cada vez menos determinantes, como podemos observar en las últimas elecciones; variables psicosociales, como emociones, identidad política o percepción de eficacia, que son las que marcan la intención de voto; y por último, las contextuales, como crisis económicas, corrupción percibida o polarización mediática, que generan la conducta de voto.

De hecho, hay muchas evidencias que confirman que en las democracias actuales son las variables psicológicas y contextuales las que mejor explican el comportamiento electoral.

Autores como Sabucedo —me vuelvo a referir a él— han señalado que el voto debe entenderse dentro de un clima emocional compartido donde las percepciones de legitimidad y justicia del sistema pesan más que las evaluaciones racionales de programas políticos. Esto es muy importante: no votamos de manera racional, no debemos buscar la razón en el comportamiento de voto.

La eficacia política y la búsqueda de control

Diversos estudios reflejan que una de las variables más relevantes para comprender el voto es la eficacia política, entendida tradicionalmente como la percepción de que la acción política puede influir en el sistema (Wolfeld, 1986).

Sin embargo, la experiencia reciente muestra que la eficacia política no opera de forma homogénea sino que es necesario distinguir entre lo que denominan eficacia interna —la percepción del ciudadano sobre su propia capacidad para comprender e incidir en la política— y la eficacia externa —la percepción de que los líderes pueden controlar la situación.

Esto es muy importante, porque en contextos de desconfianza institucional la eficacia externa adquiere mayor peso. Los votantes no buscan necesariamente programas detallados sino actores que transmitan capacidad de control frente a amenazas políticas, económicas o culturales.

La lectura política es clara y es que los votantes confían más en VOX o en la Chunta, en clave de Aragón, para representar sus intereses; VOX en el votante de la derecha y Chunta en la izquierda. Estos datos en clave nacional son muy delicados para el Partido Popular, ya que no existe confianza en que Feijóo pueda resolver los problemas del país, y ya tenemos esta evidencia en dos territorios.

En la misma línea, con la misma lectura, tampoco existe esa confianza en el votante de izquierda, si bien aquí cuentan con una ventaja que puede ser determinante, y es la capacidad de Pedro Sánchez de alinear los intereses de otras partes, por ejemplo Podemos-IU en Extremadura o la Chunta Aragonesista en Aragón para acercarlos a su causa.

Esto explica el crecimiento simultáneo de estas opciones ideológicamente opuestas pero emocionalmente claras.

Además, otra variable relevante para comprender el comportamiento electoral es el locus de control político, entendido no tanto como un rasgo de personalidad sino como una forma de interpretar la relación entre ciudadanía, sistema político y capacidad de resolver problemas colectivos.

En el contexto actual, una parte mayoritaria del electorado parece haber desarrollado un locus de control externo, donde las expectativas de cambio se depositan en la acción de líderes y estructuras políticas más que en la participación individual o en procesos deliberativos complejos.

Esta lógica se refuerza en contextos de incertidumbre económica, percepción de corrupción o ineficiencia institucional, donde el ciudadano busca actores capaces de “controlar la situación”. En ese sentido, se confirma que el electorado confía más en los líderes de VOX y Chunta para resolver sus problemas.

Es decir, se percibe que esos líderes poseen la capacidad de imponer orden, resolver conflictos o defender intereses propios frente a adversarios políticos.

Confianza política y obligación de voto

Dos variables estructurales han sufrido una transformación significativa en las últimas décadas: por un lado, la confianza política, que se encuentra en niveles históricamente bajos en España; como vimos en el análisis de Extremadura; y también la obligación cívica del voto, cada vez menos interiorizada por las generaciones posteriores a la transición democrática.

Al mismo tiempo, la identificación partidista clásica se diluye y es sustituida por identidades políticas híbridas, pragmáticas y emocionalmente selectivas. Los votantes combinan elementos ideológicos diversos en función de sus necesidades cotidianas y percepciones de eficacia. Esto hace que existan tantas opciones políticas que una gran parte de votantes se diluya en opciones muy poco eficaces. En el caso de Aragón estamos hablando de más de 40.000 votos repartidos entre 9 opciones que no tuvieron representación. El resultado es un electorado más volátil y menos fiel a estructuras partidistas tradicionales.

Análisis por partido, en las elecciones de Aragón 2026. Datos electorales y lectura psicológica

El Partido Popular ha obtenido una victoria institucional, pero obtiene gran desgaste simbólico porque sigue perdiendo votantes. Una lectura nacional es comprometida para Feijóo ya que no existe enganche emocional con el votante y no existe percepción de que el voto tenga eficacia para resolver los problemas reales de las personas. Este apoyo parece responder más a la inercia de su electorado que a una ampliación real de base social. Además, la fuga hacia VOX confirma que parte del electorado conservador percibe mayor eficacia externa en opciones con narrativas más contundentes.

El PSOE sigue en una caída que expresa desvinculación afectiva. Estamos hablando de cerca de 40.000 votantes por parte del PSOE en Aragón, que unidos a los más de 100.000 en Extremadura son un resultado catastrófico. En este caso, todo sugiere, en el caso de Aragón, que es justificada por la desmovilización, la abstención o la migración hacia opciones como Chunta. Se confirma por tanto ese proceso de desafección y el votante deja de sentirse representado, pero no necesariamente se identifica con otras alternativas de gobierno.

VOX representa la consolidación del voto expresivo de control y refleja una movilización basada en emociones intensas y en la promesa de control frente a las amenazas percibidas. Este tipo de voto responde menos a cálculos racionales de gestión y más a la necesidad psicológica de claridad moral e identidad política.

Chunta es autenticidad territorial y coherencia ante el abandono de los partidos nacionales que se alejan de la gente de la calle. Esta autenticidad está basada en propuestas cercanas que logran captar electores que buscan representación emocional más que eficacia gubernamental inmediata. Se entiende que los suyos son los mejores para cuidar de los suyos.

Podemos y la desaparición por pérdida de sentido emocional. La caída total de Podemos refleja la pérdida de diferenciación. Cuando una fuerza deja de ser percibida como única, su base electoral se disuelve hacia opciones más coherentes o hacia la abstención. PSOE y Podemos son la misma fórmula, han diluido la identidad y han heredado sus problemas de corrupción, y la alternativa es otro, posiblemente opciones como Chunta o la propia IU-Movimiento SUMAR.

Aragón es la confirmación de un cambio estructural

Comparado con Extremadura, Aragón muestra el mismo patrón, con el debilitamiento de los grandes partidos; crecimiento del voto expresivo; desmovilización del electorado moderado; fragmentación parlamentaria creciente; y dificultad para construir mayorías con legitimidad emocional sólida.

Esto sugiere que el sistema político autonómico español está entrando en una fase de volatilidad donde la emoción domina sobre la estructura sociológica clásica. Esto es algo muy a tener en cuenta en las elecciones en clave nacional, porque el debilitamiento de las opciones clásicas como PSOE y PP está dando alas a respuestas autonómicas que, si han sido relevantes en Aragón, pueden ser determinantes en territorios como Cataluña, País Vasco o Galicia, donde no solo se juega el terreno autonómico sino las opciones de gobierno nacional en coalición.

Conclusión

Las elecciones de Aragón de 2026 no tienen un vencedor psicológico claro. El PP gana sin ampliar su base social; el PSOE pierde sin ser sustituido plenamente; y las fuerzas emergentes crecen sin construir mayorías de gobierno.

El resultado es un sistema más fragmentado, más emocional y menos predecible, pero sobre todo engañoso. La victoria del conjunto de los partidos de la derecha puede ser percibida como una victoria moral, pero la debilidad del Partido Popular y la creciente fuga de votos a opciones regionales pueden ser un factor a tener en cuenta una vez que el PSOE pudiera movilizar de alguna forma a los votantes que no han participado en estas elecciones.

En mi opinión, mientras los partidos sigan interpretando los resultados únicamente en términos aritméticos ignorarán el problema central y no tendrán en cuenta la erosión del vínculo afectivo entre ciudadanía e instituciones, y esto en clave nacional tiene mucho riesgo, porque si bien gobernar es posible, hacerlo con estabilidad cada vez resulta más difícil.