Advertencia: esta entrada del blog está creado para pensar
El autoliderazgo se ha convertido en una de esas palabras que llena titulares de la prensa económica y del management y que parece que nadie cuestiona, porque queda intelectual o profundo.
El problema es que no existe. El liderazgo, por definición, es un proceso de influencia social. Eso tiene una implicación directa: afecta a más personas. Y, por tanto, si no hay otras personas, no hay liderazgo.
Salvo que tengamos múltiples personalidades, lo que solemos llamar autoliderazgo no es liderazgo. Es otra cosa, y tiene que ver con motivación, disciplina personal, gestión emocional o autocontrol.
Y no digo que no sea importante. Es más, es fundamental. Pero son procesos que funcionan con mecanismos distintos.
El problema es que, y creo que estarás conmigo, el autoliderazgo tiene otra derivada relevante para quienes ocupan puestos de liderazgo. Cuando algo no funciona, individualizamos un problema colectivo, en lugar de revisar sistemas, procesos, incentivos, contexto o decisiones que se han tomado.
Por eso sostengo que el autoliderazgo no existe. Y que, paradójicamente, a quienes lideran de verdad les conviene asumirlo.
Porque el liderazgo empieza cuando termina el yo y empieza la responsabilidad sobre otros.
Poner cada cosa en su sitio no resta importancia al management. Al contrario, nos obliga a tomarlo en serio.
¿Estás de acuerdo?
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