La palabra «humanización» se ha convertido en un término frecuente, una especie de palabra mágica para denotar que estamos adoptando enfoques más humanos en diversas áreas. Sin embargo, como sucede con muchos términos, su abuso puede conducir a una pérdida de claridad en su significado original.
En el ámbito tecnológico y de la inteligencia artificial, «humanización» ha sido empleada para describir la incorporación de características humanas en interfaces de usuario, chatbots o asistentes virtuales. Pero, ¿hasta qué punto estas características reflejan de manera genuina la esencia humana? La cuestión se vuelve más profunda cuando nos adentramos en otros contextos, en los que la humanización aborda temas como la empatía, la comprensión y el respeto mutuo.
Sin embargo, la palabra también alberga una definición formal que la describe como el proceso de atribuir características o cualidades humanas a entidades no humanas u objetos inanimados. De hecho, la Real Academia Española (RAE) la define como la acción de hacer «humano» algo.
En el ámbito empresarial y político, es común observar la «humanización» de procesos con el fin de hacerlos más centrados en el cliente (ya sea paciente, usuario, ciudadano o empleado). Sin embargo, la verdad es que, al igual que en cualquier aspecto relacionado con el marketing, existe el riesgo de que la esencia se diluya si las palabras no se traducen en acciones concretas. Como suele suceder, la acumulación de decepciones puede hacer que la palabra pierda su magia original.
Entonces, nos enfrentamos a una pregunta fundamental: ¿estamos agotando el concepto de «humanización»? ¿No sería entonces el momento de explorar otros términos que reflejen de manera más precisa lo que buscamos expresar?
Desafiando las Interpretaciones de «Humanización»
El uso extensivo del término en diferentes contextos ha llevado a interpretaciones diversas. En el ámbito tecnológico, se ha traducido en la creación de interfaces más amigables y chatbots que emulan respuestas humanas, algunas tan convincentes como el archiconocido ChatGPT.
No obstante, esto no refleja una verdadera humanización, ya que estas características son artificiales y pueden carecer de la autenticidad que caracteriza a las interacciones humanas.
La humanización implica algo más que simples atributos visuales o respuestas programadas. Se trata de conectar a un nivel más profundo, de comprender y empatizar genuinamente con las emociones y experiencias de los demás.
Entonces, más que «humanización» lo que estamos buscando es una interacción más auténtica y significativa. Si lo que estamos buscando es «autenticidad» en nuestras interacciones tecnológicas y humanas; si lo que queremos promover es una «conexión genuina» entre sistemas, usuarios o profesionales de la salud. Entonces podríamos encontrar otra palabra que fuera capaz de transmitir con mayor claridad la esencia de lo que queremos lograr.
En última instancia, más allá de las palabras y definiciones, la clave reside – como siempre – en la acción. Sea cual sea el término que elijamos para describir nuestros esfuerzos hacia una interacción más humana, es esencial que nuestras acciones reflejen autenticidad y una comprensión profunda, y sobre todo, que lo que sentimos y pensamos, lo llevemos a la acción.
Quizás sea momento de desafiar el estatus quo, de explorar nuevos términos que capturen la esencia de nuestras aspiraciones. Pero, sobre todo, es el momento de poner en práctica la autenticidad y la conexión genuina en cada interacción, sea en el mundo tecnológico, en las relaciones interpersonales o en el cuidado de la salud.
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