El Cáncer es una Conversación

Vivimos en una sociedad en la que se habla de todo, menos de lo importante, y olvidamos que la vida es una conversación.

Una conversación en la que una parte emite un mensaje, una llamada de socorro, y la otra, en la distancia de sus quehaceres diarios, lo intenta comprender.

La llamada de socorro ocurre mucho antes de lo que pensamos, los avisos de que algo va mal están ahí. A veces la suerte y la fortuna hacen que conversen pronto, pero otras veces te alcanza el final sin darte cuenta de que estaba ahí.

… en el silencio más absoluto.

Este año pasado uno de nuestros amigos se fue mientras escribía un relato, que llamó «la distancia».

En él, nuestro compañero, daba rienda suelta a todas sus emociones, contenidas durante el tiempo que duró la enfermedad del amor de su vida, y exponía el sufrimiento de la pérdida, víctima del cáncer – también – sin darse cuenta que, en el camino, se iba marchitando él por la misma razón.

Él quería conversar, utilizar su relato para decir que se encontraba mal.

Pero el cáncer no quiso hablar. Se mantuvo en silencio. No entendió que mi amigo quería conversar.

No lo vio venir, no lo vimos venir, hasta que fue demasiado tarde y el diagnóstico fue demoledor, en pocos meses nos dejó.

No es fácil aprender del dolor, pero los que se han enfrentado cara a cara con esta enfermedad dicen que una de las cosas que han aprendido, es que hay que parar, escuchar, conversar.

Conversar con tu cuerpo, entender su sufrimiento y dolor, las tensiones que se acumulan. Solo así el cáncer se animará a entrar en la conversación, y entonces, al alzar la voz, se hará notar, sabremos que está ahí.

Como alguien dijo una vez, «conversar es el mejor entrenamiento que puede tener un ser humano para ser un ser humano»

Conversar con tu cuerpo es la mejor forma de descubrir la enfermedad lo antes posible, arrancarla del silencio y enfrentarte a ella con total impunidad.