Desear el Talento y su Contrario

Hace unos días colgaba en LinkedIn una pequeña entrada que puedes encontrar en el siguiente enlace en el que retaba a los lectores a resolver una paradoja lógica.

Después de unas semanas, con las vacaciones estivales como mejor entorno de reflexión, es el momento de explicar la solución y compartir algunas reflexiones que he extraído sobre ella, y que me llevarán – como siempre – a la gestión de personas en las organizaciones. Aviso a navegantes. Se me ha ido la cabeza y lo contrario.

La paradoja del enunciado y su contrario nos reta acerca de los valores de veracidad o falsedad de un conjunto de enunciados. Para aquellos que no pudieron leer el enunciado del post original de LinkedIn, decía lo siguiente:

Tenemos tres enunciados falsos ¿será capaz de descubrir cuales?

1. 2+2=4

2. 3×6=17

3. 8/4=2

4. 13-6=5

5. 5+4=9

Paradoja de autor desconocido tomada del libro ¡Ajá! Paradojas que hacen pensar (Martin Gardner, 1981)

El dilema se encuentra en un principio lógico que prohíbe – de alguna forma – construir conjuntos entre cuyos elementos tendríamos que contar al propio conjunto.

Me explicaré mejor. En un primer paso tendríamos que construir el conjunto de los razonamientos verdaderos y el de los razonamientos falsos, pero hecho esto, el propio conjunto de razonamientos en sí, habría que asignarlo a un grupo.

Es decir, nadie duda que los enunciados 1, 3 y 5 son verdaderos, mientras que los 2 y 4 son falsos, pero solo cuando se percibe el conjunto de razonamientos que afirma que “hay tres enunciados falsos” como Falso es cuando aparece el tercer enunciado falso, que convierten al enunciado en su conjunto como verdadero.

Si, tras la validación de los enunciados y su conjunto, hubiera que tomar decisiones, el hecho de validar el conjunto como verdadero o falso, tendría implicaciones en nuestra decisión final.

La realidad es que vivimos en entornos complejos cuya riqueza comienza con el análisis de datos y tras ello realizamos una serie de operaciones lógicas individuales y de conjunto que nos lleva a conclusiones que suelen tener curiosas consecuencias, como la que le ocurrió a esta compañía ficticia.

La dirección general ordenó al departamento de recursos humanos, dado que había mucho trabajo y había que ser eficientes, que sólo hicieran procesos de selección en aquellos departamentos en los que no pudieran hacer procesos de selección, y al mismo tiempo ordenó que todos las vacantes se cubrieran.

Un día, en una reunión del comité de dirección, recursos humanos se quejaba abiertamente de la situación que estaba viviendo. Resultaba que no quería incumplir la orden pero necesitaba seleccionar a alguien para su equipo. Si lo hacía, dado que solo podía hacer selección en un departamento que no pudiera, estaría desobedeciendo; pero si no lo hacía, estaría incumpliendo también ya que todas las vacantes deberían cubrirse.

Lo podemos llamar el Dilema del Departamento de RRHH

En las dos paradojas descritas la solución pasaría por extraer del conjunto el enunciado indeseable. En el primer caso sería el enunciado “tenemos tres enunciados falsos” y en el segundo caso “sacaríamos a recursos humanos del conjunto de departamentos”. Hacer esto alteraría el Sistema pero al menos permite eliminar el dilema y por tanto, el departamento de recursos humanos puede reclutar a sus profesionales, al salir del conjunto Departamentos.

En sí, las paradojas lo que muestran son reglas que entran en conflicto pero sobre todo muestra nuestra capacidad para buscar una solución que nos permita avanzar. Y llevando estas reflexiones a mi terreno, día tras día pienso en cómo vamos a afrontar la gran paradoja del talento.

Cuanto más lo necesitamos, más escasea, no porque no exista sino porque talento es aportar valor, y ante la incertidumbre debemos aportar valor en todos sus niveles: con sentimientos que aporten valor, pensamientos que aporten valor y actos que aporten valor.

Y aún así, nos cuesta cambiar, nos cuesta mucho cambiar.

Cada día soy más consciente de que vivimos en un mundo de contradicciones y que debemos convivir con ellas. Es cierto que tras cada una de ellas, y su contrario, existe la posibilidad de avanzar por eliminación de los enunciados que nos molestan, pero también – y aquí está mi aportación – por la inclusión de nuevas reglas y variables en forma de sentimientos y estilos de pensamiento con los que se aporte talento para enfrentarnos a la otra gran paradoja de nuestro tiempo: el auge del humanismo en la era de la tecnología.

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